La presentación de camperas de egresados ha dejado de ser un simple acto festivo para convertirse en un rito de pasaje cargado de simbolismo en la escuela secundaria. En el Colegio La Salle San Martín de Porres, de José León Suárez, este evento fue mucho más que el estreno de una prenda; representó la culminación de un largo proceso de construcción colectiva.
Para los estudiantes, este momento marca la recta final hacia la graduación, un horizonte que se observa con una mezcla de ansiedad y nostalgia, en un contexto donde el grupo se consolida como el principal soporte emocional antes de enfrentar el mundo adulto.
Más allá del despliegue coreográfico y la puesta en escena inspirada en el universo de Mario Bros, detrás de esta presentación hubo meses de trabajo invisible: acuerdos, tensiones resueltas, ensayos compartidos y una organización que los obligó a negociar roles y responsabilidades. El colegio, en su rol de institución mediadora, no solo permitió este espacio de expresión, sino que lo alentó como parte de la formación integral de los chicos. En tiempos donde los vínculos suelen mediarse por la virtualidad, este tipo de encuentros presenciales en el patio central cobran un valor renovado: son la reafirmación del grupo humano que ha crecido unido durante años.
Para conocer cómo se vivió esta jornada desde la comunidad educativa, escuchamos a uno de los profesores que acompañó a los estudiantes durante la organización del evento:
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También dialogamos con uno de los estudiantes de sexto año, Carlos Leandro Aragon, quien nos contó cómo fueron los preparativos, qué significó presentar su buzo de egresados y qué sensaciones le genera transitar los últimos meses antes de finalizar la escuela secundaria:
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Esta jornada no solo deja una campera como recuerdo, sino la certeza de haber construido una identidad común que perdurará mucho después de la entrega de los diplomas.





