La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) atraviesa uno de los momentos más complejos de su historia reciente. La reciente ola de despidos, que ha afectado a decenas de trabajadores altamente calificados en distintos centros atómicos del país, no solo ha generado una crisis laboral inmediata, sino que ha encendido las alarmas sobre la continuidad de líneas de investigación estratégicas para la soberanía tecnológica argentina.
Este recorte, enmarcado en una política de ajuste presupuestario que impacta en los organismos de ciencia y técnica, provocó una respuesta unificada de la comunidad científica. La reacción ha sido contundente: asambleas permanentes, movilizaciones en las puertas de los centros y un reclamo que trasciende lo salarial para posicionarse como una defensa del rol del Estado en el desarrollo de la energía nuclear, la medicina nuclear y el desarrollo tecnológico nacional.
Más allá del impacto humano y social, lo que está en juego es el funcionamiento cotidiano de un organismo que es, históricamente, un pilar del conocimiento en nuestro país. El desmantelamiento de equipos de trabajo pone en riesgo proyectos de largo plazo, el mantenimiento de instalaciones sensibles y el flujo de trabajo en áreas críticas de salud y energía. La preocupación de los investigadores y trabajadores no es menor: advierten que la pérdida de capital humano es difícil de reparar y que estas desvinculaciones comprometen la capacidad operativa de la CNEA para cumplir con sus compromisos tanto internos como internacionales. El conflicto, por tanto, se ha convertido en un espejo de la tensión actual entre el recorte presupuestario y la necesidad de sostener un ecosistema científico que requiere estabilidad y planificación a largo plazo para ser eficiente.
En los últimos días, tras semanas de creciente tensión, los gremios lograron abrir una mesa de diálogo con las autoridades de la CNEA, marcando un hito en el conflicto. No obstante, las asambleas continúan en los distintos centros atómicos, ya que la apertura de este espacio de negociación es vista solo como un primer paso: el reclamo central por la reincorporación de los despedidos sigue firme, al igual que la defensa de los proyectos estratégicos. Los trabajadores insisten en que, sin la totalidad del equipo de trabajo y sin una inversión sostenida, el futuro de la investigación nuclear argentina se torna incierto. La mesa de diálogo, aunque necesaria, no ha logrado aún disipar la desconfianza ni resolver los puntos críticos que mantienen al sector en estado de alerta máxima.
Para comprender en profundidad cómo se vivieron estos días de incertidumbre dentro del organismo y cuál es la percepción sobre el daño que causan estas desvinculaciones en el funcionamiento diario, dialogamos con Marcia Ortiz, trabajadora de la Comisión Nacional de Energía Atómica:
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Ortiz pone en evidencia que la pérdida no es solo de puestos de trabajo, sino de saberes técnicos y continuidad en los procesos. En un segundo tramo de la entrevista, profundizamos sobre el estado de la negociación actual, las expectativas frente a la mesa de diálogo abierta con las autoridades y las acciones que los trabajadores, unidos en asambleas, planifican para intentar revertir este escenario de ajuste:
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Mientras tanto, el conflicto se mantiene latente, con una comunidad científica decidida a que la discusión no quede encapsulada en un expediente administrativo, sino que sea un debate público sobre el modelo de país que apuesta, o no, al desarrollo de su inteligencia soberana.





