La Avenida del Libertador fue escenario de una movilización significativa protagonizada por trabajadores de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), quienes se manifestaron en rechazo a los despidos y a las políticas de ajuste que amenazan con desmantelar el sistema científico y tecnológico del país.
La protesta, que reunió a trabajadores, investigadores y representantes gremiales, visibilizó un conflicto que trasciende lo laboral: está en juego la capacidad estratégica de Argentina para desarrollar tecnología propia, un pilar fundamental para su soberanía y desarrollo económico.
La jornada, sin embargo, estuvo marcada por la tensión. Durante la manifestación, la intervención de fuerzas policiales contra los trabajadores despedidos añadió un componente crítico al reclamo, exacerbando el malestar de la comunidad científica. Lejos de amedrentarse, los trabajadores realizaron un acto frente a la sede del organismo para reafirmar su postura. La consigna es clara: no se trata solo de la defensa de puestos de trabajo individuales, sino de la protección de una estructura nacional que requiere décadas de formación y estabilidad para funcionar.
Para conocer cómo afecta esta situación al organismo y por qué consideran que están en riesgo áreas estratégicas, dialogamos con Pablo Sánchez, del gremio ATE, quien explica el alcance de los despidos:
“Un golpe muy fuerte a las capacidades técnicas y productivas nacionales porque la gama de cantidad de trabajadores despedidos es muy amplia y abarca desde administrativos especializados en leyes de presupuesto y de conformación de programas de compras, pasando por la única trabajadora que podía operar el único microscopio electrónico que tenemos para calificación de normas nacionales e internacionales. Operadores técnicos en el CAREN echaron a trabajadores del R10. Por lo tanto, implica, bajo una lógica de excusa, buscan romper áreas que atienden a institutos como el Balseiro, el Sábato y el Dan Beninson. Se manifiesta nuestra preocupación por la tanto falta de progreso como del personal del Centro Argentino de Protonterapia, particularmente un centro dedicado al tratamiento del cáncer infantil y aplicaciones de áreas específicas para la salud, tanto de radioisótopos, donde Argentina alcanzó reconocimiento internacional y cuya desarticulación favorecería al sector privado.”
Posteriormente, tras el acto y los incidentes, volvimos a dialogar con el delegado Sánchez, quien se refirió a la intervención policial y al mensaje de resistencia que buscaron transmitir frente al organismo:
“El acto donde contó con la presencia de los delegados y las delegadas del sector, los despedidos y trabajadores y trabajadoras que se movilizaron de los distintos centros atómicos. Contó con la presencia también del secretario general nacional de ATE, Rodolfo Aguiar, con todos los delegados y compañeros y compañeras del sector nuclear en respuesta a lo que había sucedido el día anterior. La gendarmería se metió adentro de la sede central y desde ahí reprimió a los trabajadores que estaban pidiendo respuestas en un reclamo justo sobre la desvinculación y los despidos, pero también una situación que es acuciante y es la salarial. La trabajadora, que era la única especializada en microscopio electrónico, es una trabajadora que es becaria y cobraba con sueldo junto a aguinaldo 600 mil pesos. La lucha sigue, los compañeros y las compañeras quieren seguir y están organizándose en función de esta nueva realidad.”
La lucha de la CNEA se inscribe hoy en un debate nacional sobre qué modelo de país se quiere: uno que apuesta a la ciencia como motor de futuro o uno que desmantela sus capacidades más críticas.





