La reducción del servicio en el Tren Belgrano Norte, bajo el pretexto de obras de infraestructura, ha dejado al descubierto la fragilidad del transporte público en la provincia de Buenos Aires. Para miles de trabajadores que deben trasladarse diariamente a la Capital Federal, el tren no es una opción de esparcimiento, sino su única vía de conexión con la fuente laboral.
La implementación de un nuevo cronograma que recorta frecuencias altera no solo la puntualidad, sino la calidad de vida de los usuarios, quienes ven cómo sus jornadas se estiran debido a las demoras y cancelaciones sistemáticas.
Esta situación genera un efecto dominó que impacta en otros medios de transporte. Ante la imposibilidad de viajar en tren, los pasajeros colapsan las paradas de colectivos, lo que a su vez provoca unidades saturadas y largas filas, muchas veces con colectivos que ni siquiera pueden detenerse por exceso de capacidad. La crisis del transporte ferroviario es, en realidad, una crisis de la movilidad urbana que castiga a los sectores que dependen del transporte masivo. La falta de un plan de contingencia adecuado por parte de Ferrovías agrava un malestar que ya se percibe como una constante en los andenes.
Víctor, un trabajador que se traslada de forma habitual en tren, nos cuenta cómo le afecta la reducción del servicio, siendo la forma más accesible y rápida que tiene para llegar a su trabajo:
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Víctor también nos menciona lo que provoca la concentración de la gente ante la demora y cancelación del servicio, y qué consecuencias trae para aquellos que necesitan viajar diariamente:
[— AQUÍ INSERTAR TRANSCRIPCIÓN DEL AUDIO 12 —]. La problemática del transporte, una vez más, demuestra ser un reflejo de la falta de planificación integral que priorice al usuario.





